Recordando algunos consejos al llegar la fecha de exámenes en la universidad

Luego de transcurrido gran parte del tiempo de la cursada de este año cabe reflexionar sobre nuestro propio trabajo intelectual para fortalecer de un modo razonable aquellos caminos que nos hayan llevado a maximizar las potencialidades y que debo asumir rigurosamente en los días anteriores a los exámenes.
1.- Las horas de sueño ordenadas en razón de las exigencias que se van enfrentar
Se debe vencer una tentación siempre presente en la vida del estudiante que reaparece con fuerza en cada período de exámenes: “dormir menos para tener más tiempo en la preparación”. La falta de descanso reciente, trastorna, toda la vida del estudiante. Especialmente incide en lo que hace a la eficacia de los procesos intelectuales propios del orden académico que necesitan una maduración que está atada directamente al verdadero descanso. Digámoslo de otra manera: es necesario dormir lo suficiente como para permitir que el cerebro asimile, integre, asocie y registre la información. Sólo este proceso bien logrado habilita el camino de para la memorización y posterior comunicación que será requerida en el examen.
2.- Las horas de estudio ordenadas en razón del estudio
Más allá de preguntarnos por cuál es el espacio del día más adecuado para la concentración, es imprescindible incorporar en la organización del cronograma de tareas los bloques de horarios de estudio con sus necesarias interrupciones o pausas que permitan un descanso y recuperación del cerebro respetando su orden biológico. En este sentido podemos afirmar que el cerebro se agota. De ahí que es necesario insistir que en el diseño del horario de estudio deben de introducirse pausas regulares en las cuales aprovechar para moverse, cambiar de respiración y por cierto de actividad. En ese planeamiento debe tenerse en cuenta también, que, según la experiencia recogida por los expertos en técnicas de estudio universitario, dedicar un espacio antes de ir a dormir para el repaso de las síntesis hace más eficaz la asimilación de la información.
3.- Estudio individual y estudio grupal
La experiencia de quienes acompañan a los estudiantes universitarios en sus procesos académicos muestra que hay que hacer ambas cosas, tanto el estudio individual como el grupal. Objetivamente el espacio más amplio del proceso intelectual de estudio académico debe centrarse en los abordajes personales. En esos procesos no todos los estudiantes requieren los mismos tiempos o las mismas técnicas. Por ejemplo, algunos necesitan escucharse en la lectura de los textos, otros acuden a la técnica de la lectura repetida de los mismos textos, algunos memorizan esquemas acompañados por imágenes, etc. Vemos que la asimilación de los contenidos y la organización de las ideas es algo muy personal. Sin embargo, hay que reconocer que el trabajo en grupo tiene su eficacia en la medida que permite ver diversas maneras de abordar el trabajo intelectual, muchas veces diferentes a la propia, y de este modo se enriquece el camino del estudio. Sucede también, que en esa confrontación del trabajo grupal se ponen objeciones mutuamente, se comparten pequeños trucos para la memorización, se estimula la atención o las motivaciones. Estudiar en grupo puede ser muy movilizador, pero nunca puede reemplazar el tiempo de asimilación personal donde se da la parte más importante del proceso intelectual en la vida universitaria.
Autor: Padre Oscar Angel Naef

Taller sobre vida cristiana y trabajo intelectual - Continuación, segunda parte




En la Residencia Universitaria San José se está llevando a cabo un "Taller sobre vida cristiana y trabajo intelectual" preparado para los estudiantes. Se reproduce a continuación la traducción del francés de la Segunda parte del material que se está usando. (traducción libre del Padre Oscar Naef)




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EL TRABAJO METÓDICO CONDUCE AL ÉXITO
Principios de metodología para el estudiante cristiano
Dr. Pascual Ide
Le Sarment – Fayard
Junio, 1989

CAPÍTULO 2
LOS CONDICIONAMIENTOS VITALES DEL ORDEN MATERIAL
Tu cuerpo y tus estudios
1-      Respeta cuatro principios básicos de la fisiología
1.1- Primer principio: “Dale azúcar a tu motor”. El cerebro es un órgano que utiliza sólo un tipo de combustible: glucosa (azúcar). También consume algunas vitaminas (B12, ácido glutámico) y sales minerales (Calcio, fósforo, magnesio). Por ello, cuando estudies no comas cualquier cosa.
1.1.1- No comer cualquier cosa.
No ingerir estimulantes o calmantes (salvo aquellos calmantes inofensivos).
Atención con el café. No te excedas de 2 o 3 por día, ya que habitualmente ésta necesidad está ligada al mal sueño, o a un desayuno demasiado frugal o estados nerviosos. Es necesario atacar las causas.
▫ Organiza una alimentación equilibrada, especialmente en los períodos de exámenes.
▫ Consume azúcares: lentos y rápidos; calcio y fósforos: quesos (gruyere y holandés), huevo, germen de trigo, almendras, avellanas, nueces; magnesio: germen de trigo, pan integral, chocolate, legumbres; vitamina B12: germen de trigo, yogurt, nueces, almendras, levadura de cerveza; bebida: un mínimo de un litro y medio de agua (la falta de hidratación es una de las más importantes causas de fatiga).
1.1.2- No comer de cualquier manera.
Toma comidas completas y no algunos sándwiches. No comas rápidamente o con desesperación: una comida correctamente ingerida demanda aproximadamente media hora. Muchos males estomacales son provocados por comidas al paso, ingeridas de mala manera.
1.1.3- No comas en cualquier horario.
▫ Tu jornada debe comenzar por un sólido desayuno (un quinto o un cuarto de la ración calórica del día): tostadas con manteca, frutas, huevos. El café caliente no aporta más energías que los azúcares disueltos en él y es la causa de sortear adecuadamente la barrera de las 11 horas. El desayuno supone que dispongas en él un cuarto de hora y que obres en consecuencia.
▫ Un almuerzo y una cena en horarios fijos evitan los calambres de estómago. Come moderadamente.
▫ Si puedes, haz una pausa a media mañana y a media tarde: ese pequeño corte vuelve el trabajo agradable.
1.2- Segundo principio: “El cerebro necesita una buena irrigación sanguínea”[1].
El cerebro ocupa el dos por cien de nuestro peso corporal, pero consume el veinte por cien del oxígeno de tú organismo. Necesitas entonces, una buena irrigación sanguínea. En consecuencia:
▫ Posee una actitud de riguroso trabajo. Sentado en tu escritorio y no acostado sobre tu cama. De este modo se permiten movimientos respiratorios adecuados.
▫ Posee un lugar de trabajo bien aireado: A) Elimina los elementos que consumen el oxígeno (las estufas); b) Por momentos abre las ventanas para renovar el aire; c) No tengas plantas durante la noche en el lugar de estudio; d) No fumes ni siquiera durante las pausas (…de otra manera, no fumes pura y sencillamente: los mejores estudiantes no fuman, se dice corrientemente).
▫ Oxigénate con regularidad.
¿Cuándo? Durante las pausas, pero también en algunos momentos durante el trabajo (en caso de cansancio o de dolor de cabeza).
¿Cómo? Realiza algunos movimientos de gimnasia respiratoria: inspira a fondo, expira profundamente, relaja los músculos.
1.3- Tercer principio: “Cuerpo fatigado, cerebro poco eficaz”[2]
▫ Oblígate a desarrollar un mínimo de deporte semanal: El deporte de tu elección, si es completo; es preferible un deporte colectivo para los estudiantes que se aíslan por su trabajo.
▫ No permanecer jamás un día sin salir al menos media hora, y durante la salida esfuérzate por no pensar en el trabajo, ni en otro problema que te incomode.
▫ Respeta siempre tus horas de sueño, que deberán ubicarse en un promedio de siete a ocho horas diarias.
▫ Busca algo agradable para distenderte del mejor modo posible en las pausas; por ejemplo: buena música, una reunión con amigos, un fin de semana en el campo no puede menos que estimular tu trabajo.
1.1-             Cuarto principio: “Consigue poner tu cuerpo en condiciones dentro de un marco de trabajo apropiado”
▫ Es el principio del famoso acto reflejo de Pavlov. Consiste en una asociación realizada entre un estímulo condicionante y un reflejo condicionado.
El ejemplo clásico dado por Pavlov es su mejor ilustración: hace escuchar una campanilla (estímulo condicionante) a un perro en el momento que le presenta su comida; la cual genera salivación (reflejo condicionado). Cuando esta experiencia ha sido repetida varias veces es suficiente hacer escuchar la campanilla para hacer provocar la salivación: el estímulo condicionante se convierte entonces, en estímulo condicionado.
▫ ¿Por qué?
Espontáneamente te encontrarás despierto, concentrado, motivado: este reflejo ayuda particularmente en dos problemas capitales de todo estudiante: la memorización y la concentración.
▫ ¿De qué manera?
Estudia: a) en los mismos lugares (en la biblioteca, en tu casa; no pases el tiempo mudándote); b) con una postura similar (consigue instalarse confortablemente, pero presta atención a las condiciones que favorecen somnolencia y distracción: posters que distraen y música fuerte; por ello, la cama no es un buen lugar de trabajo generalmente); c) en horarios semejantes.
2-      Aprende a conocer y respetar tu cuerpo
2.1- ¿Por qué?
Trata tu cuerpo como amigo y no como esclavo; aprende a reconocer sus signos de alarma (pérdida inexplicable de concentración, cansancio excesivo, dolor de cabeza), y trabaja en armonía con tu organismo en lugar de maltratarlo por ignorar sus propias leyes.
Tu cuerpo eres tú mismo: él te acusará tarde o temprano de todo tipo de negligencias o mal tratos (artrosis, miopía).
2.2- ¿Cómo?
▫ Respeta tus ojos.
Trabaja a cuarenta centímetros de la hoja (prácticamente eso equivale a dos palmas). Utiliza buena iluminación (ten una lámpara de escritorio de 60 watts como mínimo).
▫Respeta las articulaciones encontrando una posición adecuada en la mesa de trabajo (espalda derecha, codos no muy separados, cabeza poco inclinada).
3-      El problema de los dolores de cabeza[3]
Si ellos son ocasionales, cuida bien la oxigenación, habitualmente de allí proviene.
Si son agudos o muy persistentes, toma analgésicos benignos (Aspirinas, Doliprane, Glifanan: estos son los nombres de las especialidades farmacológicas más comunes, pero lo importante es la composición más que el nombre de la especialidad) en las dosis prescriptas, sobre todo por las noches. No abuses y no tomes en forma habitual sin consulta médica.
Si son continuos y a pesar de un buen planeamiento de las pausas de oxigenación, piensa especialmente en un problema ocular.
4-      El problema del cansancio
▫ Se exigente y preciso, no toleres grandes cansancios. Cuando te encuentres cansado no estudies ni leas. Los estudios son un acto conciente que debe comenzar y terminar voluntariamente.
▫ Alarga, en principio el tiempo de sueño y aumenta el de las pausas de descanso durante algunos días.
▫ Si la fatiga persiste, no dudes en tomar varios días de verdaderas vacaciones para distenderte. No tocaras en nada tu trabajo. Elige un lugar que te despeje, tus estudios no te precisan, si es posible con la gente a quien tú amas.
No es esto una pérdida de tiempo, aún a pocas semanas de un examen, más vale una semana de descanso (0% de trabajo) más tres semanas de trabajo verdadero (90% de rendimiento), que 4 semanas de estudio a un rendimiento de 50%.
Tu lugar de trabajo[4]
1-      Tu casa
Un lugar propicio para los estudios responde a cinco criterios:
1.1- Animar el trabajo y dar algo de satisfacción
Si es ideal, tendrás gusto al encontrarte allí (es como la esquina reservada a la oración en tu cuarto): el desorden desalienta.
1.2- Favorecer la oración
Coloca allí, icono, crucifijo, palabras del Señor (escrito en letras grandes) y tus propósitos de trabajo).
1.3- Favorece la concentración
No dispongas de distracciones exhibidas al alcance de la mano (nada de revistas, de cartas por escribir, de teléfono…).
No instales algún espectáculo enfrente tuyo (ventana que da en la calle…).  A veces, es necesario solucionarlo con una pared como horizonte.
Recibe el menor ruido posible.  ¡Igualmente la música! 
Contrariamente a las ideas difundidas, consume parte de tu capacidad de concentración en vez de estimularla (especialmente el "hard-rok", etc). 
Por otra parte, antes de comenzar a estudiar o durante la pausa, una música ligera puede relajar.
Ciertos trabajos (como los del doctor Tomatis, sobre el efecto beneficioso de ciertas obras, particularmente de Juan Sebastián Bach o lobo Amadeus Mozart durante trabajo) invitarían a moderar estas afirmaciones.
1.4- Limitar el cansancio corporal por
Una buena iluminación (natural o artificial) que evite cualquier sombra proyectada sobre tu hoja: porque el trabajo intelectual hace especialmente funcionar los ojos; así se debe evitar el cansancio de la vista lo más posible.
Una silla elegida para tener una buena distancia entre los ojos y la hoja, y la espalda derecha sin cruzar las piernas.
Una temperatura justa: ni sauna, ni iglú.  Nuestras civilizaciones modernas recalientan los departamentos: ese favorece las enfermedades y debilita el organismo.
Debajo de 16° C, la retención y memorización de temas plantea problemas.
La mejor calefacción es el radiador eléctrico regulado con 20° C.
1.5- Ser práctico
Busca un lugar de buen tamaño.
Consigue tener al alcance de la mano todos los libros y apuntes que necesitas para trabajar.
El disponer en forma vertical los libros tiene dos ventajas por sobre el apilamiento de los mismos: los encuentras más rápidamente y no desparramas el resto.  Hay algo mejor todavía: los estantes (de plástico, o de madera) en los cuales puedes colocar cada uno, de las diversas materias que estudias actualmente.
Que todos sus bolígrafos estén colocados en un lapicero en tu escritorio.
¿Dónde tiene que estar tu lugar de trabajo?[5]
El lugar ideal es donde guardas los elementos necesarios para el estudio, es decir en general tu cuarto.
Pero a veces, será mejorar el cambio de lugar si tus vecinos son ruidosos o si te distraen.
Considera eventualmente acomodar un espacio de trabajo en un lugar silencioso apartado y consagrar a esta opción parte de tu tiempo en el año que comienza. Compensarás rápidamente este tiempo.
2- Sobre tu lugar de trabajo (generalmente en una biblioteca)
▫ Criterios para la selección de una buena biblioteca (además de los criterios arriba enunciados).
- Es favorable a la concentración, es decir reservado (el ruido de fondo cansa y disminuye tu eficiencia, incluso si no lo tienes presente). Ubícate en un lugar aislado, de espaldas a la puerta para evitar las distracciones.
- Es completa, actualizada, fácil de usar completar tu tema de estudio, equipada con buenos ejemplares generalmente (obras y revistas especializadas para ser consultadas).
No dudes las primeras veces tienen que pasar algunos momentos para familiarizarse con los archivos y los modos de la clasificación.
- Permite el trabajo entre varios.  La biblioteca es un buen lugar para encontrarse y estudiar juntos; el trabajo comunitario silencioso y sereno (pues se hace en la oración) es un testimonio para los otros estudiantes.
Busca las bibliotecas que son apropiadas
Infórmate luego sobre la antigüedad y especialidad
En fin, pasado un tiempo tienes que poder aprovechar la primera biblioteca a tu paso.  Los criterios serán dados en el capítulo 5.
3- Aprenda cómo estudiar en cualquier lugar
¿Cómo?
Es un problema de la concentración (más largo), pero también de voluntad y de motivación: especialmente cuando uno ha tomado el hábito de no trabajar más que en la casa. Y es una cuestión de organización: ten siempre un libro, un curso, o algunas fichas contigo para el caso que tuvieras un cuarto de hora por perder. Caso contrario, aprovecha la presencia de los otros para el diálogo.
¿Dónde?  Adapta el trabajo al lugar
- El transporte público es la causa principal de la pérdida de tiempo: Si no aprovechas para rezar tu rosario, benefíciate aprendiendo tu apunte o haciendo un ejercicio.
Si tiene que viajar parado, puedes usar siempre el recurso de las fichas, que ocupan poco lugar. Puedes también cerrar los ojos y pensar en un problema que se presenta del curso o de un ejercicio.
- Si debes caminar, las fichas son adecuadas; más la idea es la revisión porque no demanda lectura concentrada del curso y de ese modo permite prestar la atención necesaria para el camino.
Sin embargo, aplica estos consejos con moderación.
Al comienzo, es bueno detenerse y no saturar cada minuto: una sana pausa de recreación vuelve el trabajo más eficaz.
No te separes de la realidad viviendo nada más que para tu trabajo y volviéndote incapaz de estar atento a las personas y a la vida.
Haz, por ejemplo, funcionar tus oídos, pues en general, los estudios casi no lo exigen. Escucha y distingue los múltiples ruidos que te rodean.
O bien, capta su importancia con el tacto: percibe tu cuerpo (y sus eventuales tensiones interiores); respira profundamente, sintiendo como cada uno de los millones de alvéolos se desplazan y se cargan de oxígeno que hace movilizar la sangre, bebe lentamente un vaso de agua y percibe con atención el fluir del agua pasando por tu garganta.
Puedes practicar frecuentemente estos ejercicios obteniendo beneficios, especialmente si tus estudios son abstractos o muy polarizantes: repetidas veces al día, particularmente durante las pausas ya explicadas largamente.
Estos ejercicios (que, especialmente el Doctor Vittoz aconseja, dentro de varios) tiene el inmenso valor de hacer presente el presente, pues muy a menudo vives en el futuro o en el pasado: por ejemplo, al caminar por el pasillo estás detenido todavía en el sitio de trabajo y sus problemas o adelantado en la cocina deseoso por comer. Sin embargo, el instante actual es el sacramento de la presencia de Dios. Por otra parte, futuro y pasado son las coordenadas de todas las inquietudes y de todos los pensamientos (el examen que acaban de finalizar o que pronto llegará) que matan la percepción de lo real.
Organiza tu tiempo de trabajo
1-      Planifica tu empleo del tiempo en general. Elabora una agenda – plan.
1.1-             Primer principio: “Fijar las prioridades de tu vida”.
Para el cristiano, el orden de las prioridades cotidianas es el siguiente (medítalas en la oración, y ponlas por escrito para releerlas en los días de desaliento o de rebelión):
1.1.1-       Las necesidades materiales: dormir, comer, bañarse, ordenar el cuarto…
1.1.2-       La oración y en este tema, no es inútil recordar lo apropiado del apostolado (útil para el prójimo y desde luego…) para un sano equilibrio de la vida en el estudiante.
Aunque la actividad de evangelización no parece tener ninguna relación con los estudios, en realidad ella abre el corazón y evita replegarse demasiado sobre las dificultades que conlleva el estudio, y así refuerza el sentido de las verdaderas finalidades y, además, alegra el alma ver cómo el Espíritu Santo sabe realizar maravillas a partir de nuestro apostolado. Lejos, entonces, de distraerte de los estudios, el apostolado (bajo la forma, por ejemplo, de una misión durante algunos días una o dos veces al año) infunde nuevas fuerzas para las largas semanas que prosiguen.
Estos consejos surgen de la experiencia de más de un estudiante y sirven, ya sea en período de cursadas, ya en el mes que antecede a los exámenes.
1.1.3-       Los estudios
1.1.4-       Las reuniones sociales, el tiempo de ocio, el deporte, los hobbies.
1.2-             Segundo principio: “Aprende a no perder el tiempo”
Es lo propio del Santo que utiliza cada minuto para el Señor.
Una buena planificación no incluye espacios en blanco, es decir “tiempos muertos”. Es necesario saber que se va a hacer en cada hora del día, aún deben incluirse los quince minutos que a veces se descuentan por considerarlos no provechosos: ¡Es increíble el tiempo que representan si los sumamos al final del día!
Ahora bien, ello no implica excluir el reposo o el espacio de distracción, ya que tu plan debe contemplar también un tiempo para ellos.
Como ya hemos visto, aprende a estudiar durante los viajes: este consejo es especialmente para aquellos que viven en las grandes ciudades.
Entiende que todos pueden llegar hasta allí.
1.3-             Tercer principio: Organiza tu plan en función de las prioridades”.
Ubica, entonces, dentro de tu empleo del tiempo del día:
1.3.1- En primer lugar, las prioridades ineludibles.
El tiempo de oración: por lo general tiene una duración fija, elige preferentemente el momento de menos somnolencia: ni muy tarde, al finalizar la jornada, ni inmediatamente después de la comida.
El horario de descanso: es necesario ocho horas aproximadamente: el trabajo es frecuentemente más eficaz si te acuestas antes de medianoche y te levantas antes de las ocho de la mañana.
                Pero debes adaptar estos consejos:
-      Ciertas personas necesitan de diez horas y otras de seis (también algunas descienden a cuatro, o menos durante un tiempo, sin que aparezca cansancio). Encuentra la duración adecuada dentro de un período de prueba de 8 a 15 días, durmiendo en un horario fijo y juzga luego los efectos (concentración, languidez, buen humor, etc.) para después saber si debes acortar o alargar el tiempo de sueño.
-      El tiempo de descanso es un término medio sobre varios días; pues, en general, tú puedes permitirte una relativa flexibilidad y, por ejemplo, tu determinas, sin perjuicio alguno, acortar una noche el tiempo de sueño, en la medida en que lo recuperes en los días siguientes. Ello supone, entonces, que lo hayas previsto y que no te dejes sorprender por una serie de noches abreviadas.
-      Es necesario, por otro lado, saber que las necesidades de sueño varían para una misma persona según los períodos. En general, el estrés (exámenes, combates espirituales, etc.) demandan un tiempo de sueño más prolongado, ya que la principal función del descanso y del sueño es de reparar nuestra pérdida de energías físicas y psicológicas.
-      En resumen, se flexible, aprende a conocer tu ritmo interior y tus primeros signos de fatiga o de tensión (quienes nos rodean resultan ser un adecuado termómetro, por poco que puedas escucharlos hazlo con humildad e interés).
El tiempo dedicado a las comidas (un cuarto de hora por la mañana, y media hora a medio día, aproximadamente); si esos tiempos se reducen, el estómago corre el riesgo de sufrir trastornos.
El tiempo fijo de trabajo: cursos, trabajos prácticos, en los medios de transporte durante los viajes.
Luego, los tiempos que pueden adaptarse
Ubica los tiempos de trabajo personal en los espacios vacíos del plan (veremos cómo más abajo).
El deporte depende del gusto de cada uno, pero una hora semanal es el mínimo exigible.
El relax propiamente dicho está reservado para el fin de semana, especialmente el domingo.
1.4-             Cuarto principio: “Organizarse, es en primer lugar, reflexionar”[6]
No asumas planes ya hechos: cada persona tiene diferentes exigencias.
Además, reflexiona bien al comienzo del año, antes de introducirte de lleno en el trabajo. La táctica del rinoceronte ayuda poco.
Busca ayuda adecuada que te pueda orientar en criterios y reglas (en lo expuesto hasta el momento y en aquello que aportan los mayores que ya conocen tu carrera). Encuentra la paciencia y la humildad para dejarte enseñar.
Y revisa regularmente tu plan: ¿se encuentra bien actualizado?
2-      Planifica tu tiempo de trabajo personal en general[7]
Confecciona un plan provisorio; formúlate tres preguntas:
2.1- ¿Qué materia estudiar?
Todas las materias de estudio deben figurar en el plan. Cuídate de no olvidar ninguna (generalmente aquella que no nos gusta es la que olvidamos).
¿Estudias solamente aquello que es necesario estudiar?
Desconfía de la tentación de profundizar demasiado en una materia; no superes lo que requiere la comprensión del programa; rechaza toda tentación de dispersión. Ello acontece sobre todo en las materias que se prefieren por encima de aquellas que menos se aman.
Divide la materia para trabajar mejor. En el mundo de las cosas, contrariamente al de las personas, se recomienda dividir para reinar.
Por ejemplo, para el latín, puedes repartir de este modo tu estudio (y tu repaso): gramática (conjugación, sintaxis); vocabulario (filosófico, mitológico, y poético); entrenamiento (revisión de los temas aprendidos).
2.2- ¿Cuánto tiempo dedicarle a una materia?
2.2.1- Criterios:
- Si la materia es difícil o pesada: es necesario disponer aproximadamente de 1 a 2 horas como mínimo por hora de cursada; por el contrario, si es fácil: un curso de filosofía podrá, por ejemplo, no requerir más que un cuarto de hora de lectura atenta.
- ¿Qué se requiere: lectura de apuntes, hacer ejercicios o aprender memorizando? Un tiempo diferente es requerido en cada uno de los casos mencionados.
- ¿Cuál es tu grado de motivación? ¿Eres apasionado por algunas materias más que por otras? Dedícale más tiempo a lo que menos te gusta.
¿Cuál es la dedicación que merece cada materia en función del examen final? Investiga un tiempo el rendimiento con esa dedicación.
2.2.2- Finalmente, reordenando estos criterios, sería excelente que determines un orden para cada materia desde el comienzo del año.
Registra cuanto tiempo necesitas para resolver un ejercicio de matemáticas, para aprender una página de química, o de historia, etc. …pero es posible que surja el desaliento, ya que tenemos en general una sobre valoración de nuestras capacidades. Sin embargo, no hay que desalentarse, ya que se progresará durante el año.
2.3-             ¿Cuándo estudiar cada materia?
2.3.1- Aprende a conocerte
¿Trabajas mejor a la mañana o por la tarde, a esta hora o aquella otra hora del día? En general, resulta difícil estudiar después del almuerzo: resérvate, entonces, media hora de descanso. ¿Este o aquel día de la semana? ¿Tal período del año, hasta tal estación?
De esta forma, efectúa el trabajo más arduo durante el período en el que estás más en forma, y reserva lo más fácil para el resto del tiempo.
2.3.2- Ordena según la naturaleza de las asignaturas
2.3.2.1- Resulta útil estudiar y preparar las materias con anticipación. Este es el caso de las asignaturas con apuntes impresos, de las interrogaciones orales y de las correcciones de ejercicios. En este caso el apunte es un primer acercamiento y permite una asimilación más rápida.
2.3.2.2- Sea suficiente la revisión de la materia anticipadamente.
Los estudios de psicología muestran de modo formal que debes revisar la materia lo más pronto posible (cf. capítulo 7). Cuando la materia está todavía fresca en la memoria. Si dudas, prueba no tomándola hasta el día siguiente y compara con una materia que hayas revisado la tarde misma después de haber cursado. Ello permite, además, completar los apuntes y corregirlos si es necesario.
2.3.3- Organiza, luego, según el resto del horario
Es deseable, aplicar los principios enunciados anteriormente, con la precaución de respetar los tiempos de distracción y de descanso; recordemos que el descanso tiene prioridad: será bueno no excederse de las 22 horas.
Subraya: lo atrasado tenderá algunas veces a acumularse. Reserva siempre uno o más espacios en el planeamiento de la semana, y asíi tendrás tiempo libre para recuperarlo: el sábado es el tiempo ideal que podría dedicarse al estudio o al descanso, según el grado de avance alcanzado en el trabajo (cf. capítulo 7).
2.4-             El plan definitivo
2.4.1- ¿Cuándo establecerlo?
Luego de haber aprendido bien a conocer los propios ritmos interiores y haber medido el tiempo personal necesario para cada materia principal.
2.4.2.1- Si el empleo del tiempo es fijo
- Determina el plan antes de comenzar de lleno el trimestre.
- Pon por escrito en una hoja independiente, bien a mano, para ser consultada fácilmente y en todo momento; esto es mejor que confiar sólo en tu memoria.
- La idea es establecer un ritmo en el estudio de las diferentes materias en la organización de la semana: de esta manera dedicarás, al menos una vez por semana a cada materia, y ello, según un tiempo proporcional al tiempo general que le dedicarás en el transcurso del año.
- Debes adaptar adecuadamente el plan según la materia y los exámenes.
2.4.2.2- Si el empleo del tiempo es variable
Dedica un tiempo al comienzo de la semana para establecer el plan variable (aproximadamente 15 minutos). Vuélcalo por escrito en una agenda.
2.4.2.3- En todos los casos
Reserva un buen tiempo al finalizar el trimestre para la revisión y la recapitulación.
2.4.3- ¿Debes ser el esclavo de tu plan?
Algunos consejos prácticos:
2.4.3.1- Si los resultados de los exámenes son mediocres, es mejor que le prestes fidelidad.
2.4.3.2- Si quieres establecer cambios, que ellos sean mínimos y progresivos. Si transformas tu planificación, ella se vuelve inútil; pierdes los puntos de referencia y corres el riesgo de retrasarte.
2.4.3.3- No dudes en recompensarte cuando un buen trabajo ha concluido en un plazo más corto que lo previsto o cuando has permanecido fiel a una planificación muy estricta y exigente. Eso estimula.
2.4.3.4- Finalmente, mantente libre: la planificación se hace en función de los estudios y no los estudios en función de la planificación.
3- Planifica detalladamente tu tiempo de trabajo.
¿Cómo planificar un día tipo de trabajo?
Los consejos que van a darse están entre los más importantes de todo este manual. Aplícalos en orden de prioridad.
3.1- Comienza por los trabajos más cansadores y los menos atrayentes. Ya que, necesariamente el cansancio aumenta con el tiempo. Ahora bien, atendiendo al cansancio creciente y el interés decreciente, se encuentra el siguiente orden:
-      esfuerzos de memoria,
-      ejecución de ejercicios,
-      lectura de un libro tomando notas,
-      relectura de un curso subrayado,
-      arreglo de fichas, …
3.2- No trabajes más de una hora intensiva sobre un mismo tema.
Estudios americanos han mostrado que es mejor trabajar ocho veces una hora, distribuidas en varios días, que ocho horas sin interrupción.
Sin embargo, se flexible. Esta regla es más apropiada para la etapa de memorización   que para trabajar sobre una disertación sobre la cual es difícil hacerlo con interrupciones en cortos periodos de tiempo.
3.3- Interrumpe muy regularmente tu tiempo de trabajo (aunque pases varias horas sobre un mismo tema).
3.3.1- Conviene no estudiar más de cincuenta minutos de continuo: Algunos estudios psicológicos ponen de manifiesto que ese es el período de tiempo ideal; incluso en los grandes estudiosos.
Al comienzo, si tienes problemas de concentración y según la dificultad de la materia, no dudes en trabajar por períodos de un cuarto de hora con concentración y rigurosidad. Eso es mejor que ocupar tres cuartos de hora sin eficacia en un trabajo que irrita. Poco a poco tu rendimiento crecerá.
3.3.2-       A continuación, haz una pausa.
- La duración debe adaptarse en función del tiempo de trabajo: diez minutos para cincuenta de trabajo es una buena medida. ¡Desde ya, si estudias por etapas de un cuarto de hora, disminuye el descanso!
- ¿Qué hacer durante la pausa?
Todo, excepto trabajo intelectual y aquello que cansa los ojos: entonces, no leas, sino escucha los pájaros, levante del lugar de estudio, has algunos movimientos, come algo que energice. En resumen, has aquello que te agrada y distrae.
3.3.3-       A este respecto, el trabajo en equipo ayuda mucho a ajustarse a la planificación y no trabajar las dos horas seguidas sin ver el tiempo que pasa.
-      No sea demasiado numeroso: un buen grupo de trabajo es a lo sumo de cuatro o cinco personas.
-      Nombre, el grupo, a un responsable: su cualidad no es su inteligencia, sino el sentido para captar a los otros. Debe velar por el silencio (la oración si es posible) y debe sentir si la tensión sube o si la atención disminuye en este o aquel integrante.
-      Decidan al comienzo y de común acuerdo el plan de trabajo: pausas y tiempo de trabajo de la mañana, la tarde o la noche.
-      También se puede probar el responsable: ¡eligiendo a alguien que cambiará!
3.4- Finalmente, aprende a aprovechar la noche para tu trabajo
3.4.1- ¿Por qué?
Porque tu cerebro trabaja incluso durante el sueño: Cantar de los cantares, “Duermo, pero mi corazón está en vela” “De día como de noche, la semilla empuja no se sabe cómo”.
De la misma manera que es necesario consagrar a Dios los primeros momentos del día, del mismo modo debes consagrarle los últimos momentos: así al acostarte, como al despertar. Tu jornada debe ser como la vida de Cristo cuya primera y última palabra eran dirigidas a su Padre: “debo ocuparme de las cosas de mi Padre” al comienzo de su vida y de la jornada. Al atardecer de su vida y de su jornada: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.
3.4.2- ¿Cómo?
Lo mejor es eliminar de la mesa de luz todo aquello que puede resultar una distracción, tentándote y haciendo que apagues muy tarde la luz. En particular, las revistas de entretenimientos. Has una pequeña oración de acción de gracias, confiando tus intenciones y tus preocupaciones a Jesús. Ruega también a tu ángel de la guarda por tus problemas para fijar en la memoria y los ejercicios no resueltos.
Finalmente, confía a Dios también a tus compañeros de trabajo, y pídele por el éxito de sus exámenes (¿si no quién lo hará?).
3.4.3- Efectos
- Se despertará en ti, aún más, durante la acción de gracias, la alegría y la paz.
- Y encontrará que tú espíritu con mayor claridad encontrará la solución durante la noche; en cualquier caso, purificado y en calma, él estará más apto para comprender y asimilar.
4- El caso particular del repaso para los exámenes
¿Cómo planificar el empleo del tiempo en los días anteriores al examen? La respuesta a este problema está detallada en el capítulo 8.




[1] “Procura, en lo posible, una vida al aire libre… sesiones frecuentes de respiraciones profundas… paseos que enmarquen el trabajo o bien combinándolo con él según la tradición griega”. Setillanges, La vida intelectual.
[2] “Aquellos que no encuentran el tiempo para hacer ejercicios deberán encontrar el tiempo para estar enfermos”. Un médico inglés.
[3] “Cuanto más el espíritu quiera ser paciente y productivo, tanto mejor debe buscar ocupar al mismo tiempo el cuerpo en cosas insignificantes (pequeños trabajos) … Es como un cable negativo que se deja arrastrar por la tierra para poder ser más positivamente activo y fecundo.” Novalis
[4] “No toleres cualquier cosa cerca de tuyo que no sea útil o que no encuentres adecuado”. Ruskin
[5] La preparación del trabajo implica un lugar y más todavía una atmósfera. La primera precaución es tenerlo, y ello pude asemejarse a una prisión. Elegir una habitación tal que todo sea allí calma y sin motivaciones que dispersen. Sertillanges (Obra citada).
[6] “Cuando el cansancio se hace sentir, la atención no es ya casi posible, a menos que sea bien ejercida. Vale más, entonces, buscar relajarse, y luego, un poco más tarde reiniciar; desprenderse y reanudar, del mismo modo como se inspira y expira.” Simona Well, Attente de Dieu, Ed. La Colombe.
[7] “La regla de oro del trabajo intelectual puede traducirse de esta manera: no toleres ni mitad trabajo, ni mitad reposo. Date entero o abandona absolutamente. Que no haya en ti mezcla de opuestos.” Jean Guitton, Le travail intellectuel, Ed. Aubier.

Taller sobre vida cristiana y trabajo intelectual

En la Residencia Universitaria San José se está llevando a cabo un "Taller sobre vida cristiana y trabajo intelectual" preparado para los estudiantes. Se reproduce a continuación la traducción del francés de la primera parte del material que se está usando. (traducción didáctica del Padre Oscar Naef)
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EL TRABAJO METÓDICO CONDUCE AL ÉXITO
Principios de metodología para el estudiante cristiano
Dr. Pascual Ide
Le Sarment – Fayard
Junio, 1989

CAPÍTULO 1
¿CUÁL ES LA VISIÓN CRISTIANA DEL TRABAJO INTELECTUAL?
Visión cristiana del trabajo en general
1- ¿QUIÉN ES EL QUE TRABAJA?
1.1-      ¿El animal, la máquina?
“No cabe llamar trabajo a la actividad de las criaturas ligada a la subsistencia” (Juan Pablo II, Carta Encíclica: Laborem Exercens, 1981, Introducción).[1]
1.2-      Es el hombre
El trabajo es una de las características que distinguen al hombre de los animales; “el hombre fue desde el origen llamado al trabajo” (Juan Pablo II, Introducción). No obstante ello, algunas veces, el hombre no puede trabajar: tal es el caso de la desocupación. Así, “el trabajo es signo de integración a la comunidad de personas” (Juan Pablo II, Introducción). Este es el por qué la desocupación engendra la soledad y finalmente la desesperación.
1.3-      Aún más, ¿piensas tú que Dios trabaja?
“Mi Padre trabaja todos los días” (Jn 5,17).
2- ¿POR QUÉ TRABAJAS TÚ?[2]
2.1- Las razones que da el mundo
▫Yo trabajo para ganar dinero. De este modo “la avaricia se convierte en la raíz de todos los males” (I Timoteo 6,10).
▫Yo trabajo para viajar, para comprar mi propia cadena Hi-Fi, etc.
▫Yo trabajo para ganar un lugar; el honor; la gloria; el poder. (Eclesiástico. 10,15).
▫Yo trabajo por trabajar:
Tal es el caso de quien trabaja en busca de autoestima o por deber. Pero tu libertad, va más allá, está preparada para amar. Y tu amor no se ejerce acabadamente mientras no encuentre un bien que pueda ser considerado tal. Allí reside la importancia de estas motivaciones naturales (cf. Capítulo 3) que no admiten ser sometidas a consideraciones: algunas se hacen presente repetidas veces por semana.
Del ejercicio de esas motivaciones surge el caso del trabajador idólatra materialista: el afirma “que el hombre es su trabajo”, frente a esto Juan Pablo II dice solamente “el trabajo es una de las características del hombre”.
También de esa experiencia resulta el caso del estudiante hiper-escrupuloso que quiere conocer todo y todo perfectamente. Y en definitiva cae en el mismo error caprichoso de aquel que dice: “trabajar es rezar” para no rezar más. El remedio está en conseguir experimentar la propia finitud: todo trabajo resultará siempre imperfecto. El albañil judío significaba esto no colocando el último ladrillo cuando construía una casa. Sólo Dios puede concluir una obra. El perfeccionamiento queda a menudo oculto en la investigación en sí misma.
2.2- Las motivaciones cristianas
▫ “El que no quiere trabajar que no coma; en lugar de trabajar se ocupa de frivolidades o de lo segundario” (II Tesalonicense 3,10).
▫ Ser un trabajador que debe salir en ayuda de los débiles y recordar las palabras que ha dicho el mismo Señor: “hay más gozo en dar que en recibir”.
▫ “Compromete tu honor en el trabajo de tus manos” (I Tesalonicenses 4,11).
▫ Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1,26). Por eso “el Señor encuentra alegría en sus obras” (Salmo 104,31). “Se reconoce al artesano al contemplar su obra” (Sabiduría 13,1).
▫ “La conciencia de ser partícipe en la obra de la creación por el trabajo, constituye la motivación más profunda” (Juan Pablo II, 25).
▫ Estamos configurados con Cristo por la fe; luego, “el que crea en mi hará también las obras que yo hago” (Jn 14,12).
▫ Cristo es un artesano como José de Nazaret, él ha proclamado un “evangelio del trabajo” (Juan Pablo II, 26). “El mira el trabajo con amor, así como sus diferentes expresiones, viendo en cada una de ellas una manera particular de manifestar la semejanza del hombre con Dios, criatura y Padre” (Juan Pablo II, 26).
3- ¿CÓMO TRABAJA EL CRISTIANO? ¿TÚ TRABAJO TE ACERCA MÁS A JESÚS Y A TODOS AQUELLOS QUE TE RODEAN?
3.1- El cristiano es sobre todo aquel que no divide su vida en tajadas, sino que se esfuerza por unificarla en una sola
¿Por qué? Dios es a la vez y sin separación autor de la creación y de la vida sobrenatural que está en nuestros corazones. Jesús mismo no está tironeado: él vive continuamente en presencia de su Padre (Jn 10,30; Lc 22,42).
Entonces, ¿cómo puede hacer el cristiano para permanecer unido a Dios durante todas sus actividades (y en particular durante el trabajo, ya que es la obra más absorbente)?
Aquí tienes algunos consejos:
▫ La oración es por excelencia aquello que unifica y fortalece la vida (cf. Capítulo 4).
▫ Dios esta, desde luego, presente en toda su creación como causa activa, él da “la vida, el movimiento y el ser” (Hechos 17,28). Sueña que, si por un solo momento, Dios no pensara en ti (esto es que no te amara), ¡desaparecerías instantáneamente!
Se experimenta un poco eso cuando se descubre hasta qué punto la presencia y el amor de los demás (en los dos sentidos) es importante para ti. No es esto una imperfección.
▫Dios está, o deberá estar presente, a título de fin motivante en cada uno de tus actos. De la misma manera que el alpinista encuentra la fuerza para efectuar cada uno de sus movimientos en el gozo que experimentará al final del camino cuando descubra el paisaje desde la cima de la montaña; de la misma manera el cristiano puede experimentar de qué manera el Señor es el término, no sólo el final de la vida, sino el fin de cada una de tus acciones. “Todo lo que hagas, ya sea que comas o que bebas, hazlo todo para gloria de Dios” (I Corintios 10,31).
▫ Por encima de todo, Cristo es aquel ejemplo de dulzura, de paciencia, constantemente unido a su Padre, en el trabajo como en la oración. Y la Gracia de Jesús, “de quien hemos recibido todo” (Jn 1,16) no tiene otra razón de ser que unirnos a su vida (Jn 1,4) y de ese modo compartir (Jn 1,39) la armoniosa y profunda unidad de la vida del Hombre-Dios. Pues somos llamados a morar en él (Jn 15,4).
3.2- El cristiano, en toda su vida, por consiguiente en su trabajo, debe profundizar su amistad con Cristo[3]
El cristiano debe profundizar su amistad con Cristo participando por la fe, de una manera encendida, en su triple misión de sacerdote, profeta y rey (Juan Pablo II, 24)[4]. Ahora, ¿cómo ejerces tú la función sacerdotal, profética y real en tu trabajo?
3.2.1- ¿Eres profeta en tu trabajo?
▫ Mostrando a los hombres lo que es el verdadero trabajo: hecho para el hombre, por el hombre, no para sojuzgarlo, pero sí par mejor realizarlo: “La gloria de Dios es el hombre viviendo”, sin olvidar la contraparte: “y la vida del hombre está en la gloria de Dios” (San Irineo de Lyon, Contra las herejías, IV, 20 7).
▫ Evangelizando, esto es: anunciando la Buena Noticia de la Salvación a los compañeros de trabajo. Esto es una de las grandes misiones del laico.
▫ Buscando la verdad. Pedirle las luces al Espíritu de Dios (Isaías 11,2) que reposa sobre nosotros como reposaba sobre Jesús (Lc 4,18-19).
▫ Es necesario “que la sabiduría tome parte en nuestro trabajo”, pues ella socorre al justo en sus obras (Sabiduría 9, 10-12); además, el hombre hace proyectos en su corazón, pero el Señor da la respuesta. Pon tus obras en manos del Señor y se realizarán tus proyectos (cf. Proverbios 16,1-3). ¿Pides tú al Espíritu Santo ideas originales? ¿Espíritu Santo ideas originales? Y luego, ¿las aprovechas para tu trabajo?
¿Cómo eres rey en tu trabajo?
Dios te ha dado el poder de transformar la tierra (Génesis 1,28), pero este poder es por el bien del hombre, no por el tuyo solamente, sino también por el bien de quienes te son confiados (por ejemplo, por un jefe de empresa); porque, así como es el caso del Señor, nuestras “obras deben de ser gesto de fidelidad” (Salmo 33,4).
“Las obras de Dios son nuestro gozo” (Salmo 5); ¿es éste el caso de tú trabajo? ¿Eres tú un maestro manso y humilde de corazón en quien la carga resulta ligera (Mateo 11,29), de aquellos de los cuales debes ocuparte?
¿Soy sacerdote en mi trabajo?[5]
El sacerdote es aquel que ofrece e intercede por los hombres: ¿es el que reza por aquellos que, trabajando contigo, no rezan? Tú piensas ofrecer tu trabajo en el altar, en el momento privilegiado en el cual se presentan el pan y el vino, los frutos del trabajo del hombre, el pan y el vino que recapitulan todo el trabajo del hombre.
El sacerdote es también el hombre de la unidad: ésta es la oración de Jesús, nuestro gran Sacerdote (Hebreos 4,15): “Padre, que ellos sean uno” (Juan 17,21).
¿Eres tú un hombre de reconciliación que, allí donde está el odio llevas la paz y el perdón, allí donde están las lágrimas llevas el consuelo? ¿Amas tú a tus enemigos? (cf. Mateo 5,11): pues, el enemigo, más es a veces el joven lobo que desea tomar mi lugar, el colega que tú calumnias.
“El trabajo se corresponde con el cansancio (Génesis 3,17; Eclesiástico 2, 11). Soportando el cansancio del trabajo en unión con Cristo crucificado por nosotros, el hombre colabora con el Hijo de Dios en la redención de la humanidad. Se muestra verdadero discípulo de Jesús llevando a su vez la cruz de cada día en la actividad que ha sido llamado a realizar” (Juan Pablo II, 27).
¿Piensas así ofrecer las mil pequeñas preocupaciones inevitables de cada día, “recogiendo tal espina para el rescate del mundo” (Santa Teresa del Niño Jesús), y “completando en mi carne lo que falta a la pasión de Cristo” (Colosenses 1,24)?
4- Los frutos del trabajo cristiano
▫ La alegría
Mi corazón encuentra su alegría en el fruto de mi trabajo” (Ecl 2,10).
“Si uno si encuentra la felicidad en su trabajo, eso es un don de Dios” (Ecl 3,13).
▫ La gracia de Dios
“El Señor bendecirá el trabajo de tus manos” (Deu 28,12).
▫ La paz
“Con un poco de trabajo, he alcanzado una gran paz” (Eclo 51,27).
“Tranquilo es el sueño del trabajador” (Ecl 5,11).
▫La fuerza
Coraje, en el trabajo yo estoy contigo.
▫ La gloria de Dios
“Todo aquello que hagas, hacedlo para gloria de Dios” (I Corintios 10,21; Colosenses 3,17).
▫ El crecimiento en las virtudes
El crecimiento en nosotros de los frutos del Espíritu Santo (Gálatas 5,22): dulzura, confianza en los demás, dominio de sí.
▫ La vida nueva
Pero también, en el trabajo, está presente el misterio de “la cruz que le es indispensable” está contenida “la elevación de Cristo, el cual mediante la muerte de cruz vuelve a sus discípulos con la fuerza del Espíritu Santo en la resurrección” (…).
“En el trabajo, merced a la luz que penetra dentro de nosotros por la resurrección de Cristo, encontramos siempre un tenue resplandor de la vida nueva, del nuevo bien, casi como un anuncio de los «nuevos cielos y otra tierra nueva (cf. II Pedro 3,13 y Apocalipsis 21,1)” (Juan Pablo II, 27).

Visión cristiana del trabajo intelectual
1-   ¿QUÉ ES EL TRABAJO INTELECTUAL?
Es necesario distinguir dos casos:
a)    El caso del estudiante
Los estudios o el trabajo intelectual son primordialmente un llamado a la inteligencia.
a.1) Pues, al igual que el desarrollo del cuerpo requiere un aprendizaje metódico, sistemático (desde el punto de vista higiénico, deportivo, etc), del mismo modo nuestra inteligencia, como capital de partida parece pobre, crece, y algunas veces de forma asombrosa, si ella es educada con rigor y método.
En efecto, es dramático hacer madurar una joven inteligencia en el inicio de la travesía, como si todo estuviera jugando de entrada. Cierto, hay inevitables diferencias, y todos no pueden aspirar a las mismas carreras por una cuestión de diversidad (mucho más que por desigualdad de aptitudes). Pero es necesario tener una mirada de esperanza sobre cada uno (y sobre ti mismo).
Comparativamente, el jardinero y la tierra cuentan tanto como el vigor del grano. Podrás hablar de esto dentro de algunos años.
a.2) Sin embargo, será erróneo aislar la vida de la inteligencia.
El hombre no es pura razón, así lo sugiere el comportamiento de muchos estudiantes. Es necesario no olvidar jamás que la buena receta para ser un estudiante exitoso asocia, además de la inteligencia, de la memoria, etc., una sólida estructura material (capítulo 2), afectiva (capítulo 3) y espiritual (capítulo 4).
A potentiel intellectuel équivalent, la différence porte en général sur en bon planning, des motivations en béton, une vie de prière régulière
Es equivalente a “potencial intelectual” la diferencia que aporta en general un buen planeamiento, las motivaciones extras y una vida de oración regular.
b)   El caso (raro) de la vocación de trabajador intelectual. (el buscador es el ejemplo típico)[6]
Es aquel al cual se dirige la obra clásica “La vida intelectual”- Sertillanges – Ediciones Le Cerf. El autor, por otra parte, insiste mucho en que el intelectual no se transforme en un polar nómade, o en un invertebrado gaseoso flotando en medio de las galaxias especulativas.
Resta que la inteligencia nos configure a la imagen de Dios (Génesis 1,26; cf. Santo Tomás de Aquino, Suma de Teología I, q.3, a.2) y cultivarla para que sea el quehacer de toda una vida, aunque la profesión haga perder el status de estudiante.
Se puede decir que algunos consejos sugeridos en ese libro pueden ser aplicados hasta tu muerte, si deseas darle éxito y gozo a tu vida intelectual.
2-   LA VIDA INTELECTUAL CRISTIANA[7]
Todo aquello que se ha visto precedentemente y que es relativo al trabajo cristiano en general no es anulado como caduco. Es necesario, por el contrario, aplicarlo al estudio.
Pero ciertas características son propias a ella solamente.
Desde luego, debemos descubrir y comprender que el trabajo intelectual eleva el espíritu desde las realidades solamente sensibles hacia las universales que no tienen lugar en la contingencia de lo que es observable. Los estudios, en ese sentido, son como una ascensión que espiritualiza tu mirada interior (según aquella imagen de la oración de San Juan Damasceno en la cual definía al “ascensión del espíritu hacia Dios”).
Los estudios te despiertan también a la gratuidad de la verdad: la realidad no es un material a transformar, un instrumento de diversión o un modo de subsistencia. Ella es también dada (ella me precede) para ser contemplada en su bondad y en su verdad. Ciertamente, tu estudias para adquirir una competencia profesional.
Pero que ese fin utilitario no te haga olvidar cuanto merece la verdad ser buscada y admirada por ella misma. Todo otro interés desaparecerá en el momento de interesarte por la verdad.
Los estudios son una ocasión de reencontrarte con otras personas en el apasionante pensar, que no concuerda siempre con tus opiniones. Por ese motivo, tu trato se tornará más tolerante, acogedor y más receptivo a la extraordinaria riqueza de los estudiantes con los que tendrás trato. Esta experiencia será iluminadora de toda tu vida futura.
Jesús era un apasionado de la verdad (Jn 18,37) y un hombre de pedagogía (Mt 13, 34-35; Mc 4,30).
También toda verdad dice alguna cosa de la verdad inefable (Jn 14,6) y las realidades visibles nos hablan de su creador (Rm 1,20; Sabiduría 13,1; Hechos 17,22 ss.).
Aprende a “mirar” (de ver desde el corazón). Aquel que obra en la naturaleza que tú estudias y que es resplandor de su gloria (relee Eclesiástico 39,16; 42,15 y todo el capítulo 43). Y eso va también para las matemáticas, porque Dios “todo lo hace con nombre, poder y mesura” (Sabiduría 11,20). Particularmente la bondad es una vía privilegiada para elevarse hacia Dios.
Tus conocimientos son una ocasión de servir y no de hacerte valorar. Verifica esto todos los días, cuando hablas que busques instruir (II Timoteo 4,2). Tú puedes, en este tema, releer por completo las dos epístolas a Timoteo, ello reducirá mucho las ocasiones de hablar para enseñar. Pero no es necesario callar, a la inversa, ciertas dificultades propias del trabajo intelectual.
Desde luego, el orgullo acecha más al estudiante que al trabajador manual. Medita, entonces, habitualmente aquellas admirables palabras de Santo Tomás: “El Verbo (en Dios) no es no importa que Verbo (o Palabra), más es un Verbo que inspira el amor” (Suma de Teología I q.43). Ello significa que también nuestro trabajo intelectual debe teñirse en el amor (de Dios, a los demás…, y a nosotros mismos): “Aunque conozco todos los misterios y todas las ciencias, si yo no tengo caridad, no soy nada” (I Corintios 13,2).
Destierra toda erudición (aquello que sobretodo no significa nada: “destierra la cultura”, porque la verdadera cultura no aplasta, al contrario de la erudición): ella te aplasta cuando viene de alguien exterior. Cree, entonces, que es lo mismo cuando procede de ti. Madeleine Delbrel decía: “Brillar no es iluminar”.
Según esto, existen dos buenos criterios para cultivar la humanidad: el primero es aceptar algunas veces (frecuentemente al principio) ser humillado, ignorado o no estar seguro. El mayor signo de orgullo es no manifestar jamás los enojos. El segundo es aceptar dejarse instruir… por aquel que tú consideras espontáneamente como menos cultivado o menos vivo de espíritu que tú; y agradecérselo calurosamente.
Finalmente, los estudios son al mismo tiempo el lugar de revelación y la ocasión de profundas heridas: la inteligencia es, con el amor, aquello que toca lo más íntimo de ti mismo. No es posible esconderlo, pues entonces, busca administrar el buen camino (cf. Capítulo 3). Porque tales “corazas” pueden esterilizar a estudiantes muy prometedores de un bello porvenir. Recuerda todos los días que un estudiante cristiano es un estudiante en peligro.





[1] En adelante las citas que comiencen por: “Juan Pablo II…” seguida de número de párrafo, estarán extraídas de esta Encíclica.
[2] “Que el trabajo de tus manos sea un signo de reconocimiento y homenaje a la condición humana. Algunos se inclinan para saludar. Saluda al hombre cada día dedicándote a tu trabajo. Piensa: “Yo rechazo considerarme superior a todos los hombres”. Lanza del Vasto, Principes et préceptes de retour à ľ évidence, Ed. Gonthier-Denoël.
[3] El cristiano que está en actitud de escucha de la palabra del Dios vivo, uniendo el trabajo a la oración, sepa qué puesto ocupa su trabajo no sólo en el progreso terreno, sino también en el desarrollo del Reino de Dios. Carta Encíclica Laborem exercens, Juan pablo II.
[4] cf. También: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, Concilio Vaticano II, n° 34 a 36.
[5] Lumen gentium, Concilio Vaticano II, n°35: “los laicos, incluso cuando están ocupados en los cuidados temporales, pueden y deben desplegar una actividad muy valiosa en orden a la evangelización del mundo
[6] “Aquello que da la excelencia al hombre, es que Dios lo ha hecho a su imagen, por haberle dado un espíritu inteligente que lo vuelve superior a las bestias”. San Agustín.
[7] “No busques lo que está por encima de tu capacidad, ni escudriñes aquellas cosas que exceden tus fuerzas y no seas curioso del nombre de muchas obras”. Eclesiástico 3, 22.